Cuando te toca remover papeles, reorganizar tu vida y tu casa para empezar de nuevo, te das cuenta de que lo que te llevarás en las alforjas serán los recuerdos y las experiencias de los mismos.
Comienzas a revolver en los armarios y tirar todo lo que ya no vas a ponerte, aquello que compraste pensando que era un valor seguro y que casi no usaste.
Organizas papeles importantes y te encuentras con otros menos importantes que te recuerdan la ilusión de ese piso que os comprasteís, los detalles de los preparativos de la boda y la fotocopia de esa papeleta de lotería que compraste pocos días antes del sorteo y que no te saco de pobre porque solo pudiste comprar una, pero que te dio la oportunidad de ver lo que le pasa a tu marido cuando le toca un pellizquito en la lotería de navidad.
También aprovechas para repasar las personas que pasaron por tu vida y las que aún siguen estando. Te afianzas en nuevas amistades que no pensabas que podría ser tan enriquecedoras.
Haces balance de lo que ha merecido la pena, de cuanto has sufrido, de que nadie debería decirte que hacer con tu vida (ni siquiera tus padres, ya tuvieron la suya) porque es más fácil ser consecuente con tus propios errores que con los de los demás, aunque tampoco tendrás la oportunidad de saber si podía haber sido de otra manera.
De que si no te tiras nunca aprenderás a volar y que si no lo has hecho fue porque al recogerte no te dijeran "ya te lo decía yo que te ibas a mancar".
Que hay cosas que no se compran con dinero, que es mejor no enfadarse para no tener que desenfadarse o vivir enfadado para siempre, que lo que menos te pesa es lo que hiciste por amor aunque no te apeteciera y que si le quisiste de verdad no podrás hacerle daño a pesar de los pesares, porque sería deshonrar tu memoria".

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