El placer es una motivación más fuertes que la ilusión de una talla menos.
Mireille Guiliano.
El placer de lo que nos comemos es más fuertes que la ilusión de conseguir una talla menos, por lo que no debemos olvidarnos de ello a la hora de cambiar nuestros hábitos alimenticios.
Básicamente el truco esta en cambiar hábitos y no en ponerse a dieta y en descubrir nuevos y exquisitos placeres.
El dulzor de una fruta de temporada en su justo punto de maduración y con la que de vez en cuando puedes realizar una tarta o un helado con ingredientes de calidad y sin grasas hidrogenadas, espesantes o conservantes. ¿Que tal un helado de fresa con fresas de verdad?
El saciante amargor de un aceite virgen extra sobre una rebanada de pan de trigo ecológico.
El relajante placer del chocolate puro o el estimulante de un café de calidad.
La delicadeza de unos espárragos verdes frescos y salteados con mimo o la suavidad de una coliflor al vapor aliñada al gusto.
La satisfacción de unas magdalenas de harina de escanda asturiana para empezar bien el día. Elaboradas con cariño, aceite de oliva virgen extra, azúcar integral de caña y huevos de aldea.
La sencillez y la autenticidad de los productos locales de temporada.
El deleite de un producto con denominación de origen de nuestro país o de otro, donde lo que priman es la calidad y el origen.
Y con tanto placer, mejor tomarnos nuestro tiempo para saborearlo. O sea no comer más cantidad, sino disfrutar cada bocado durante más tiempo. Darle tiempo a que la señal de placer y saciedad llegue al cerebro.
¡Buen provecho!
Mireille Guiliano.
El placer de lo que nos comemos es más fuertes que la ilusión de conseguir una talla menos, por lo que no debemos olvidarnos de ello a la hora de cambiar nuestros hábitos alimenticios.
Básicamente el truco esta en cambiar hábitos y no en ponerse a dieta y en descubrir nuevos y exquisitos placeres.
El dulzor de una fruta de temporada en su justo punto de maduración y con la que de vez en cuando puedes realizar una tarta o un helado con ingredientes de calidad y sin grasas hidrogenadas, espesantes o conservantes. ¿Que tal un helado de fresa con fresas de verdad?
El saciante amargor de un aceite virgen extra sobre una rebanada de pan de trigo ecológico.
El relajante placer del chocolate puro o el estimulante de un café de calidad.
La delicadeza de unos espárragos verdes frescos y salteados con mimo o la suavidad de una coliflor al vapor aliñada al gusto.
La satisfacción de unas magdalenas de harina de escanda asturiana para empezar bien el día. Elaboradas con cariño, aceite de oliva virgen extra, azúcar integral de caña y huevos de aldea.
La sencillez y la autenticidad de los productos locales de temporada.
El deleite de un producto con denominación de origen de nuestro país o de otro, donde lo que priman es la calidad y el origen.
Y con tanto placer, mejor tomarnos nuestro tiempo para saborearlo. O sea no comer más cantidad, sino disfrutar cada bocado durante más tiempo. Darle tiempo a que la señal de placer y saciedad llegue al cerebro.
¡Buen provecho!

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