Esa es la cuestión. Un moderno Shakespeare podría explicar la disyuntiva de una conducta saludable con esta paráfrasis de Hamlet. Y este planteamiento no estaría lejos de la cuestión de definir una vida sana.
Esto es así, porque "ser o no ser" no solamente es el dilema existencial por excelencia sino, sobre todo, porque es la decisión de no someterse ni desaparecer en los deseos, los mandatos o las exigencias de otros. No hay salud mental ni capacidad de vincularse comprometidamente sin autenticidad, la cual consiste, quizá simplificando en demasía, en animarnos a ser quienes somos.
Es fácil decirlo, pero no tanto hacerlo. Para conseguirlo, primero habremos de cuestionar (por lo menos cuestionar) casi todo lo aprendido; después, deberemos renunciar a las aparentes ventajas (y también a los reales beneficios) de "ser como se debe", y, finalmente y sobre todo, tendremos que estar dispuestos a pagar los precios, no siempre baratos, de negarnos a actuar como se espera de nosotros.
Jorge Bucay. Editor de Mente Sana.
Editoral del nº 45.

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