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jueves, 5 de marzo de 2009

Taichí

Tratando de evitar todo lo que me recordara la rutina de mi vida anterior a la segunda crisis, deje de asistir a mis clases de taichí. Pero después de tres meses, sentí que, o volvía ya o lo dejaba para siempre. Si esperaba más tiempo se me olvidaría lo aprendido durante 3 años y me sentiría más perdida aún. Así que con gran esfuerzo moral, regresé.
El taichí fue un gran descubrimiento para mi, es una forma de hacer ejercicio que no requiere mucho esfuerzo físico, pero que consigue mantenernos ágiles y flexibles. Ejercita también la memoria y la concentración.
Lo que me engancho principalmente, fue ver que podía ir avanzando en el conocimiento y la práctica del mismo. Es un arte marcial donde la lucha consiste, en el dominio de nuestro propio cuerpo para conseguir la perfección del movimiento. En tener la mente en el “aquí y ahora” para que nuestro cuerpo actué según nuestros deseos. También actúa a nivel energético, pero para eso hay que tener una mente más abierta a todo lo relacionado con las prácticas holísticas. Aunque no es imprescindible para beneficiarse del aspecto físico y mental del taichí.
Como se observa a través mis notas, la energía esta presente en todas las prácticas que me interesan (el feng shui, las flores de Bach, el taichí, etc.), igual que esta presente en todo lo que nos rodea y en nosotros mismos, pues nada desaparece, sino que todo se transforma.
Si queréis tener un percepción un poco más física de la energía que recorre vuestro cuerpo, os propongo que frotéis las uñas de una mano con las de la otra durante unos segundos y luego os fijéis en lo que sentís en la punta de los dedos.

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