Y a no ser juzgada por ello.
Reivindico mi derecho a ver en las cosas y en las personas algo más que lo evidente.
Reivindico mi derecho:
A practicar Taichí en lugar de fitness.
A tocar la gaita en lugar de la guitarra.
A buscar el sentido de una canción en lugar del ritmo.
A leer libros sobre Feng shui, psicología o estilo, en lugar de novelas, prensa amarilla o historia.
A querer ver en las películas la intención de quien las cuentas en lugar de una simple historia.
A preferir las tertulias mixtas en lugar de las conversaciones de chicas.
A buscar el equilibrio energético en lugar del subidón de adrenalina.
A cambiar lo que yo estime conveniente y no lo que conviene que cambie.
A buscar la serenidad y la armonía en lugar de las emociones fuertes.
A ser como yo quiero ser y no como hay que ser.
A no enfadarme aunque tenga motivos, y a decir lo que siento aunque no guste.
A no hacer lo que no quiero hacer.
Se muy bien lo que quiero y lo que no quiero. Sé que no quiero buscar, sino encontrar, aún a riesgo de esperar eternamente.
El mundo va cambiando a mí alrededor y a consecuencia de ello ya no puedo hacer lo que hacía, ni relacionarme como antes. Pero tampoco quiero hacer lo que se supone que tengo que hacer, ni relacionarme como se supone que lo tengo que hacer. Así que seguiré el camino del medio, o sea el mío, aunque suponga estar más sola que acompañada.
Reivindico mi derecho a ver en las cosas y en las personas algo más que lo evidente.
Reivindico mi derecho:
A practicar Taichí en lugar de fitness.
A tocar la gaita en lugar de la guitarra.
A buscar el sentido de una canción en lugar del ritmo.
A leer libros sobre Feng shui, psicología o estilo, en lugar de novelas, prensa amarilla o historia.
A querer ver en las películas la intención de quien las cuentas en lugar de una simple historia.
A preferir las tertulias mixtas en lugar de las conversaciones de chicas.
A buscar el equilibrio energético en lugar del subidón de adrenalina.
A cambiar lo que yo estime conveniente y no lo que conviene que cambie.
A buscar la serenidad y la armonía en lugar de las emociones fuertes.
A ser como yo quiero ser y no como hay que ser.
A no enfadarme aunque tenga motivos, y a decir lo que siento aunque no guste.
A no hacer lo que no quiero hacer.
Se muy bien lo que quiero y lo que no quiero. Sé que no quiero buscar, sino encontrar, aún a riesgo de esperar eternamente.
El mundo va cambiando a mí alrededor y a consecuencia de ello ya no puedo hacer lo que hacía, ni relacionarme como antes. Pero tampoco quiero hacer lo que se supone que tengo que hacer, ni relacionarme como se supone que lo tengo que hacer. Así que seguiré el camino del medio, o sea el mío, aunque suponga estar más sola que acompañada.

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