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jueves, 26 de febrero de 2009

En busca de la identidad perdida

Cuando te abandona tu marido, hay tantas situaciones en las que te sientes como el fantasma de lo que eras, como un alma en pena buscando su lugar.
Te mantienes en tu sitio porque crees que estas en tu derecho, porque crees que te lo has ganado. Pero es como si te vieras desde arriba, como si fuera tu espíritu el que te observa. Te sientes totalmente desubicada.
No debería de ser así, pero lo es.
Ya no sabes si considerarte nuera, tía o cuñada. Ya no sabes a quien puedes considerar familia. Ni a que actos puedes asistir. Y si consigues mantener el tipo y por lo menos seguir siendo amiga de todos ellos, es una gran hazaña.
Cuando haces cosas diferentes de las de antes, consigues distraerte. Te vas creando un nuevo mundo. Pero es como si te hubieras caído del barco y te hubiera recogido una chalana a la deriva. Ves que tu mundo se va transformando, y no solo porque estés sola en casa, sino porque observas situaciones a tu alrededor que comprendes, pero que no aceptas.
Lo mejor sería desaparecer y empezar una nueva vida en otro sitio. Pero tendría que renunciar a mi gente.
Somos nosotros y lo que nos rodea. ¿Debería permitir que se va vaya todo por el agujero o debería de poner parches y reconstruir mi identidad?

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