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miércoles, 25 de febrero de 2009

Yo tenía una carreta.

No era muy grande, pero si de calidad. Era de castaño y estaba muy cuidada, limpia y ordenada.
Tiraban de ella un buey y un ternero. Pero el ternero se cansaba y le gustaba jugar con otros terneros. Entonces el buey le decía: “no te preocupes que ya sigo yo”.
Pero como la carreta no iba equilibrada, un día se rompió y el buey se lesionó.

He decido que ya no quiero más carretas. Y desde entonces he probado a ir en bicicleta, pero no me gusta viajar sola. Algún día cogeré el autobús para ver a mis amigos, pero por lo demás creo que estoy demasiado cansada para ir a ningún sitio si no me llevan en un buen coche.

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