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viernes, 13 de febrero de 2009

Feng Shui

Pues si, llamé a una amiga, la que lleva el centro donde práctico Tai-chi y le pedí un estudio de Feng Shui de mi casa.
Pero como la vida no me lo estaba poniendo fácil, esto tampoco lo sería.
Por diversos motivos tuve que esperar 3 meses por él. Y como no podía estarme quieta, estuve leyendo libros de Feng Shui y reorganizando y pintando mi casa.
El tema es que como comentaba ayer un buen estudio solo te lo puede hacer un profesional.
Hay varias escuelas de Feng Shui. La más fácil y la que estuve aplicando mientras esperaba es la de "Las formas". Es la que cualquiera puede manejar leyendo los libros, pero totalmente insuficiente para un estudio eficaz, pues no abarca el estudio energético de la casa y de las personas que la habitan.
El caso es que cuando me llego el estudio fue como un bombazo, porque no solo había servido de poco todo lo que había hecho, sino que me di cuenta de que lo tendría que haber hecho hace tiempo, pues fue muy revelador.
En resumen la casa no favorece el mantenimiento de un matrimonio y no es adecuada para nosotros energéticamente hablando.
He tratado de armonizar la lo más posible, basando me en el estudio. Pero no solo no había pintado de los colores que requería la casa ( y no me quedaban fuerzas para volver a pintar) sino que posiblemente ya era demasiado tarde para conseguir salvar mi matrimonio puesto que mi marido ya no vivía en ella.
No es que el Feng Shui sea la solución a todos los males, pero puede ayudar.
Según la filosofía que rige este arte de la ubicación, existen 3 suertes.
Estas son: La suerte del hombre que viene dada por lo que uno haga en la vida, la suerte del cielo que sería más o menos el destino, y la suerte del Feng Shui.
El Feng Shui representa un tercio de las posibilidades de mejorar nuestra vida a través de la armonización del ambiente en el que nos movemos (nuestra casa, nuestro trabajo).
Un aspecto del Feng Shui que podemos aplicar todos es el de mantener el orden a nuestro alrededor, no tener rincones llenos de trastos y no acumular cosas que no utilizamos desde hace tiempo. Dar, vender o tirar todo lo que no necesitamos o no nos gusta es una oportunidad para dejar entrar cosas nuevas.

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